Aristóteles tiende a definir la sustancia mediante la discusión de los métodos para conocerla. Lo que signifique la sustancia se muestra en la forma que conocemos cada cosa. A partir de categorías (predicados), Aristóteles sostiene que conocemos más y mejor la sustancia cuando preguntamos qué es, que cuando preguntamos por su color, tamaño, posición, etc. La mente separa a la cosa o sustancia de todas sus cualidades, y se concentra en lo que “realmente es”, que es su “naturaleza esencial”. Reconocemos que todos los humanos son humanos pese a sus diferentes tamaños o colores de piel u ojos u orejas. Además de ser “esta persona particular” que fulanito o menganita sean, fulanito o menganita son humanos, señala Aristóteles. Establece aquí el fundamento del esencialismo que, por ejemplo, está en el fundamento de las concepciones tradicionales de los derechos humanos o de mucha teoría social (derechos o instituciones se entienden entonces como predicados del “qué es esencialmente lo humano”). Las categorías o predicados también existen, pero no constituyen el objeto de estudio de la metafísica, sino de ciencias particulares. La preocupación central de la metafísica es el estudio de la sustancia, de la naturaleza esencial de los entes (cosas). La sustancia significa, tanto lo que no se afirma de un sujeto, como aquel sujeto del que se afirma algo. Lo que conocemos como fundamental de cada cosa es la sustancia, y es a partir de la sustancia que podemos afirmar otras cosas sobre esas cosas. Siempre que definimos algo planteamos su esencia antes de decir ninguna otra cosa sobre ese algo, como cuando hablamos de “un árbol grande” o “una población saludable”. “Árbol” y “población” se entienden esencialmente en términos de lo que les hace ser “árbol” o “población”, y se les entiende antes de afirmar de ellos que son “´grande” o “saludable”. Solo podemos conocer cosas determinadas, árboles o poblaciones existentes e individuales. La esencia, la sustancia, de cada “árbol” o de cada “población”, existe independientemente de sus cualidades o predicados. Lo cual no significa que la sustancia tenga existencia separada de sus cualidades o predicados. Mas si buscamos conocer la arbolidad del árbol en tanto diferenciada de su especie y variedad, color, tipo de hojas, etc, la esencia debe conocerse para permitirnos reconocer como tal a cada árbol que veamos o toquemos. En cada caso, cada árbol es árbol, mientras que sus predicados o cualidades cambian de uno al otro al otro. Una cosa es algo más que la suma de sus cualidades particulares, entonces. Existe algo sub-yacente (sub estare) a todas las cualidades de cada cosa. Por consiguiente, cada cosa es resultado, por una parte de una combinación de cualidades y, por otra parte, un sustrato al que se aplican esas cualidades.
Aristóteles se preguntó inmediatamente después de formular la sustancia o esencia, por sus relaciones con sus cualidades, de forma similar a como Platón se preguntaba sobre las relaciones entre las cosas y las ideas. ¿Qué es la sustancia? ¿Es materia? ¿Es forma? ¿Es ambas?
jueves, 8 de octubre de 2009
Definición del problema de la metafísica
Las diferentes ciencias buscan encontrar los primeros principios y las causas de tipos específicos de cosas, tales como cuerpos materiales, el cuerpo humano, el Estado, una obra de teatro, etc. A diferencia de esas ciencias que se preguntan “¿Qué es tal y ta cosas, y por qué?, la metafísica consiste en plantearse una pregunta mucho más general, una pregunta que debe ser incluida en última instancia por todas las otras ciencias, a saber, “¿Qué significa ser algo?”, ¿Qué significa ser? Por tanto, la metafísica es “la ciencia de cualquier existente, en tanto existente”. La metafísica discute y estudia el ser y sus principios y causas.
En importante medida, la metafísica aristotélica es un resultado de sus opiniones lógicas y su apasionamiento por la biología y la medicina. Las observaciones y estudios sobre los ámbitos biológicos resultaban fácilmente integrables dentro de pre concepciones teleologistas, y Aristóteles tenderá a extrapolar tales tendencias, encuadrándolas dentro de una racionalidad fundada en el principio de no contradicción lógica, no solamente a los ámbitos de la “física” sino de la metafísica.
En la lógica aristotélica, “ser” siempre significa “ser algo-allí/aquí”, y ese ser algo determinado se puede definir con precisión y, entonces, puede ser integrado como parte del discurso científico. Su orientación biologizante le permitió a Aristóteles comprender “ser” como un proceso dinámico caracterizado por el cambio continuo, el movimiento ontológico. Aristóteles siempre supone que el discurso se refiere a esos determinados sujetos, a un sujeto en cada caso, de quienes o de quien se predican cualidades, relaciones, posiciones, lugar, etc. El sujeto al que se le aplican las categorías constituye la “sustancia” (ousía). Entonces, “ser” también significa “ser sustancia”, o “sustancia” (ente), resultante (en cada momento o fase) de su propio proceso dinámico, vital. La metafísica según Aristóteles estudia el ser, entendido como entidad (sustancia existente) y sus causas (los procesos en los que las sustancias “van siendo”).
En importante medida, la metafísica aristotélica es un resultado de sus opiniones lógicas y su apasionamiento por la biología y la medicina. Las observaciones y estudios sobre los ámbitos biológicos resultaban fácilmente integrables dentro de pre concepciones teleologistas, y Aristóteles tenderá a extrapolar tales tendencias, encuadrándolas dentro de una racionalidad fundada en el principio de no contradicción lógica, no solamente a los ámbitos de la “física” sino de la metafísica.
En la lógica aristotélica, “ser” siempre significa “ser algo-allí/aquí”, y ese ser algo determinado se puede definir con precisión y, entonces, puede ser integrado como parte del discurso científico. Su orientación biologizante le permitió a Aristóteles comprender “ser” como un proceso dinámico caracterizado por el cambio continuo, el movimiento ontológico. Aristóteles siempre supone que el discurso se refiere a esos determinados sujetos, a un sujeto en cada caso, de quienes o de quien se predican cualidades, relaciones, posiciones, lugar, etc. El sujeto al que se le aplican las categorías constituye la “sustancia” (ousía). Entonces, “ser” también significa “ser sustancia”, o “sustancia” (ente), resultante (en cada momento o fase) de su propio proceso dinámico, vital. La metafísica según Aristóteles estudia el ser, entendido como entidad (sustancia existente) y sus causas (los procesos en los que las sustancias “van siendo”).
Qué es la Metafísica
Los libros de Aristóteles reunidos bajo la denominación “Metafísica”, son los que se referían a cuestiones posteriores a las físicas, y corresponden a lo que llamaba filosofía primera. En estos libros metafísicos, Aristóteles se dedica a estudiar el tipo de conocimiento que se pudiera denominar sabiduría. Empieza la obra señalando que “Todos los humanos, por naturaleza desean conocer”. Este deseo innato no solo consiste en desear conocer para hacer (realizar) algo, sino que existen deseos de conocer ciertas cosas por el conocimiento mismo. Indicación de lo anterior es “el deleite que nos producen nuestros sentidos, porque incluso aparte de su utilidad, los amamos por sí mismos”, en tanto que, por ejemplo, nuestra visión “nos hace conocer y nos ilumina muchas diferencias entre cosas”.
Existen diferentes niveles de conocimiento. Algunas gentes solo saben lo que experimentan mediante sus sentidos, como por ejemplo cuando conocemos que el fuego es caliente. Pero no consideramos sabiduría lo que conocemos por los sentidos, porque este tipo de conocimiento solamente nos enseña el “qué” de cualquier cosa, mas no su “por qué”. Nos señala que el fuego es caliente, pero no por qué lo es. De forma similar, en medicina algunos solamente saben que ciertas medicinas curan ciertas enfermedades, basándose en experiencias específicas. Pero este tipo de conocimiento es inferior al que poseen quienes no solamente conocen que tal medicina curará tal enfermedad, sino también por qué será así. “En las diferentes profesiones, los maestros conocen la materia en un sentido más verdadero y sabio que los trabajadores manuales, porque conocen las causas de las cosas que se realizan.”
La sabiduría es algo más que el conocimiento logrado por la sensibilidad de los objetos y sus cualidades. Es incluso algo más que el conocimiento adquirido mediante la repetición de experiencias sobre los mismos tipos de cosas. La sabiduría es similar al conocimiento que tienen los científicos, quienes empiezan mirando algo, luego repiten estas experiencias sensibles, y finalmente van más allá de la experiencia sensible pensando las causas de los objetos de sus experiencias.
Existen tantas ciencias o disciplinas filosóficas, cuantas áreas de investigación definibles existan, y como sabemos, Aristóteles va a fundar muchas de ellas para la cultura eurocéntrica, como la biología, la física, la ética, la política, la estética, y la misma metafísica. En cada caso, la ciencia o disciplina correspondiente tiene por misión descubrir las causas o razones o principios que subyazcan en las actividades de sus temas de investigación. Así, por ejemplo, en física nos preguntamos por las causas que generan el movimiento de las cosas, en ética nos preocupamos por las causas de la vida buena (buena vida), en política por las causas del buen gobierno, y en estética por las causas de un poema bello o bueno. Las ciencias y otras disciplinas no solamente difieren en los temas de estudio sino también en las relaciones que mantienen entre ellas. Algunas ciencias dependen de otras, como cuando el físico debe fundamentarse en las matemáticas. Aristóteles, aquí como en toda su filosofía y a tono con su tendencia “académica” (i.e. derivada de su participación en la escuela platónica), organiza una jerarquía de ciencias, y, en ella, “la ciencia que conoce la finalidad por la que debe hacerse cada cosa es la ciencia más autorizada, y tiene más autoridad que ninguna otra ciencia auxiliar”. Aparte de las ciencias y disciplinas específicas existe, entonces, esa otra que denomina filosofía primera, que estudia más allá de los temas de las otras disciplinas y que se preocupa por conocer y discutir los primeros principios y las causas. Esos primeros principios y causas son el fundamento de la sabiduría, porque nos permiten conocer, no ya algún objeto o actividad particulares, sino conocimiento de la realidad verdadera.
La metafísica trata del conocimiento al mayor nivel de abstracción. Este conocimiento es abstracto porque se refiere a lo universal y no ya a lo particular. Cada ciencia tiene su propio nivel de abstracción, en tanto trata de los primeros principios y las causas de su tema u objeto de investigación. Por ejemplo, cuando en física se discuten los principios del movimiento en general, en tanto diferenciados de la descripción de tal o cual planeta o péndulo. Por tanto, la sabiduría se refiere a los niveles más abstractos del conocimiento y no a los niveles de las cosas visibles: “la percepción sensorial es común a todos y por consiguiente fácil y no representa ninguna señal de sabiduría” La sabiduría verdadera, la filosofía primera o metafísica, es la ciencia más abstracta y también la más exacta, porque busca descubrir los verdaderos primeros principios, a partir de los cuales se derivan incluso los primeros principios de las otras ciencias. Por consiguiente, el conocimiento verdadero se encuentra en aquello que es más cognoscible y, “los primeros principios y las causas son lo más cognoscible… y a partir de éstos pueden llegar a conocerse todas las otras cosas”.
Existen diferentes niveles de conocimiento. Algunas gentes solo saben lo que experimentan mediante sus sentidos, como por ejemplo cuando conocemos que el fuego es caliente. Pero no consideramos sabiduría lo que conocemos por los sentidos, porque este tipo de conocimiento solamente nos enseña el “qué” de cualquier cosa, mas no su “por qué”. Nos señala que el fuego es caliente, pero no por qué lo es. De forma similar, en medicina algunos solamente saben que ciertas medicinas curan ciertas enfermedades, basándose en experiencias específicas. Pero este tipo de conocimiento es inferior al que poseen quienes no solamente conocen que tal medicina curará tal enfermedad, sino también por qué será así. “En las diferentes profesiones, los maestros conocen la materia en un sentido más verdadero y sabio que los trabajadores manuales, porque conocen las causas de las cosas que se realizan.”
La sabiduría es algo más que el conocimiento logrado por la sensibilidad de los objetos y sus cualidades. Es incluso algo más que el conocimiento adquirido mediante la repetición de experiencias sobre los mismos tipos de cosas. La sabiduría es similar al conocimiento que tienen los científicos, quienes empiezan mirando algo, luego repiten estas experiencias sensibles, y finalmente van más allá de la experiencia sensible pensando las causas de los objetos de sus experiencias.
Existen tantas ciencias o disciplinas filosóficas, cuantas áreas de investigación definibles existan, y como sabemos, Aristóteles va a fundar muchas de ellas para la cultura eurocéntrica, como la biología, la física, la ética, la política, la estética, y la misma metafísica. En cada caso, la ciencia o disciplina correspondiente tiene por misión descubrir las causas o razones o principios que subyazcan en las actividades de sus temas de investigación. Así, por ejemplo, en física nos preguntamos por las causas que generan el movimiento de las cosas, en ética nos preocupamos por las causas de la vida buena (buena vida), en política por las causas del buen gobierno, y en estética por las causas de un poema bello o bueno. Las ciencias y otras disciplinas no solamente difieren en los temas de estudio sino también en las relaciones que mantienen entre ellas. Algunas ciencias dependen de otras, como cuando el físico debe fundamentarse en las matemáticas. Aristóteles, aquí como en toda su filosofía y a tono con su tendencia “académica” (i.e. derivada de su participación en la escuela platónica), organiza una jerarquía de ciencias, y, en ella, “la ciencia que conoce la finalidad por la que debe hacerse cada cosa es la ciencia más autorizada, y tiene más autoridad que ninguna otra ciencia auxiliar”. Aparte de las ciencias y disciplinas específicas existe, entonces, esa otra que denomina filosofía primera, que estudia más allá de los temas de las otras disciplinas y que se preocupa por conocer y discutir los primeros principios y las causas. Esos primeros principios y causas son el fundamento de la sabiduría, porque nos permiten conocer, no ya algún objeto o actividad particulares, sino conocimiento de la realidad verdadera.
La metafísica trata del conocimiento al mayor nivel de abstracción. Este conocimiento es abstracto porque se refiere a lo universal y no ya a lo particular. Cada ciencia tiene su propio nivel de abstracción, en tanto trata de los primeros principios y las causas de su tema u objeto de investigación. Por ejemplo, cuando en física se discuten los principios del movimiento en general, en tanto diferenciados de la descripción de tal o cual planeta o péndulo. Por tanto, la sabiduría se refiere a los niveles más abstractos del conocimiento y no a los niveles de las cosas visibles: “la percepción sensorial es común a todos y por consiguiente fácil y no representa ninguna señal de sabiduría” La sabiduría verdadera, la filosofía primera o metafísica, es la ciencia más abstracta y también la más exacta, porque busca descubrir los verdaderos primeros principios, a partir de los cuales se derivan incluso los primeros principios de las otras ciencias. Por consiguiente, el conocimiento verdadero se encuentra en aquello que es más cognoscible y, “los primeros principios y las causas son lo más cognoscible… y a partir de éstos pueden llegar a conocerse todas las otras cosas”.
jueves, 1 de octubre de 2009
La contemplación
Si la felicidad es resultado de actuar según nuestra naturaleza específica, es razonable suponer que de lo que se trata es de actuar según nuestra naturaleza más alta o mejor. Y “esta actividad es la contemplativa…porque no solamente la razón es lo mejor que tenemos, sino que los objetos de la razón constituyen los mejores objetos que conocer… (la contemplación) es lo más continuo, porque podemos contemplar más la verdad que cualquier otra cosa que podamos hacer… pensamos que la felicidad está entreverada con el placer, pero la actividad de la sabiduría filosófica es la más placentera de las actividades virtuosas”.
Las virtudes
La virtud es el cumplimiento de la función específica de la humanidad, y como el medio entre extremos. También Aristóteles considera a la virtud como resultado del control racional de las pasiones, y así combina todos los aspectos de la vida humana. La naturaleza humana consiste no simplemente en una racionalidad, sino en todo el espectro implicado en las almas vegetativas, sensitivas, apetitivas, y racionales. La virtud no supone la negación o el rechazo de ninguna de esas capacidades naturales. La persona moral utiliza todas sus capacidades, tanto las físicas como las mentales. Existen, correspondientemente, dos tipos de funciones del razonamiento, la función intelectual y la función moral, y cada una posee sus propias virtudes. Disponemos, entonces, de virtudes intelectuales y de virtudes morales.
Las virtudes intelectuales son la sabiduría filosófica y la comprensión (nous), y nacen y crecen a través de la educación, la instrucción y el auto conocimiento. Las virtudes morales, la ética (ethiké) surgen del hábito (ethos). “Todas las virtudes morales han de ser aprendidas y practicadas, y se tornan virtudes solamente a través de la acción, porque nos `hacemos justos realizando actos justos, moderamos realizando actos moderados, valientes realizando acciones valerosas”. Las cuatro principales virtudes éticas son: el coraje, la moderación, la justicia, y la sabiduría. Además de estas virtudes, Aristóteles incluyó las virtudes de magnanimidad, liberalidad, amistad, y auto estima. Y pese a que reconocía el papel central de la razón en tanto guía para la acción práctica y moral, sin embargo concluía que la sabiduría filosófica es superior a la sabiduría práctica, que la contemplación es el mejor camino por la felicidad.
Las virtudes intelectuales son la sabiduría filosófica y la comprensión (nous), y nacen y crecen a través de la educación, la instrucción y el auto conocimiento. Las virtudes morales, la ética (ethiké) surgen del hábito (ethos). “Todas las virtudes morales han de ser aprendidas y practicadas, y se tornan virtudes solamente a través de la acción, porque nos `hacemos justos realizando actos justos, moderamos realizando actos moderados, valientes realizando acciones valerosas”. Las cuatro principales virtudes éticas son: el coraje, la moderación, la justicia, y la sabiduría. Además de estas virtudes, Aristóteles incluyó las virtudes de magnanimidad, liberalidad, amistad, y auto estima. Y pese a que reconocía el papel central de la razón en tanto guía para la acción práctica y moral, sin embargo concluía que la sabiduría filosófica es superior a la sabiduría práctica, que la contemplación es el mejor camino por la felicidad.
Deliberación y escogencia
En el alma racional existen dos tipos de razonamientos. El primero es teórico, y nos ofrece el conocimiento de los principios fijos y corresponde al saber filosófico. El segundo es el razonamiento es práctico y nos ofrece una guía racional para nuestras acciones dentro de las circunstancias particulares en las que nos encontramos, y se trata entonces de la sabiduría práctica. Lo importante sobre el papel de la razón es que sin este elemento racional careceríamos de capacidades morales. Aristóteles ponía el acento en que, no obstante disponer de una capacidad natural para tener un comportamiento correcto, sin embargo no actuamos correctamente por naturaleza. Nuestra vida consiste en una cantidad indeterminada de posibilidades. El bien es nosotros es una potencialidad pero, a diferencia de la semilla de maíz de la que prácticamente sin falla crecerá una planta y saldrán unas mazorcas, nosotros debemos continuamente pasar, de aquello que podemos hacer potencialmente a realizarlo en acto, mediante el conocimiento de lo que debemos hacer, deliberando sobre el asunto y a partir de esa deliberación escoger y realizar/actuar/decir/ser. A diferencia de Platón y Aristóteles, quienes pensaron que conocer el bien era suficiente para ser bueno, Aristóteles pensó que debería realizarse una escogencia deliberada, además del conocimiento. “El origen de la acción moral –su causa eficiente, no final- es la escogencia, y la causa eficiente de la escogencia es el deseo y el razonamiento con vistas a alguna finalidad”. No puede haber escogencia sin razonamiento. “el intelecto mismo… no cambia nada, sino solamente el intelecto que se dirige a una finalidad y es práctico”.
La moralidad y la escogencia moral implican responsabilidad humana. Si ciertos comportamientos son correctos y otros incorrectos, es necesario descubrir por qué una persona actúa de forma errónea y no correcta. Si vamos a elogiar la virtud y condenar el vicio, tenemos que ser capaces de realizar escogencias. Para Aristóteles, toda persona es responsable por todo acto y entonces todo acto de toda persona ha de ser voluntario. Una escogencia verdadera (efectiva) es un acto voluntario. Pero no todas nuestras acciones son voluntarias. “Elogio y culpa surgen porque se considera voluntarias las acciones, a la vez que se deja lugar a las acciones involuntarias, y algunas veces (juzgamos) excitados por la compasión”. Los actos involuntarios son aquellos de los que determinada persona no es responsable porque son (1) realizados por ignorancia de circunstancias particulares, (2) realizados como producto de una imposición externa, o (3) realizados para evitar un mal mayor. Los actos voluntarios son aquellos de los que es responsable la persona, porque no se dan ninguna de esas circunstancias atenuantes.
La moralidad y la escogencia moral implican responsabilidad humana. Si ciertos comportamientos son correctos y otros incorrectos, es necesario descubrir por qué una persona actúa de forma errónea y no correcta. Si vamos a elogiar la virtud y condenar el vicio, tenemos que ser capaces de realizar escogencias. Para Aristóteles, toda persona es responsable por todo acto y entonces todo acto de toda persona ha de ser voluntario. Una escogencia verdadera (efectiva) es un acto voluntario. Pero no todas nuestras acciones son voluntarias. “Elogio y culpa surgen porque se considera voluntarias las acciones, a la vez que se deja lugar a las acciones involuntarias, y algunas veces (juzgamos) excitados por la compasión”. Los actos involuntarios son aquellos de los que determinada persona no es responsable porque son (1) realizados por ignorancia de circunstancias particulares, (2) realizados como producto de una imposición externa, o (3) realizados para evitar un mal mayor. Los actos voluntarios son aquellos de los que es responsable la persona, porque no se dan ninguna de esas circunstancias atenuantes.
La virtud como justo medio y el medio dorado
Puesto que las pasiones abarcan un amplio campo de acciones, desde lo demasiado poco a lo muchísimo, las personas deben descubrir los significados específicos de exceso y defecto y, por tanto, descubrir el “término medio” adecuado La virtud se refiere a nuestras diferentes emociones y acciones, porque ellas son las que pueden tener carencia o exceso. Por ejemplo, es posible sentir las emociones del miedo, de la confianza, del deseo, de la cólera, de la compasión, del placer, del dolor, demasiado o demasiado poco, y en ambos casos erróneamente. El mejor estado en que alguien puede estar (ser), es el de la virtud, que se basa en el término medio de respuestas a las preguntas sobre cuándo, cómo, con quién, llevarlas a cabo, sentirlas, vivirlas. El vicio es o bien lo extremo, el exceso o el defecto, y la virtud es el término medio Es mediante el poder racional del alma que se pueden controlar las pasiones y orientar a acción. La virtud del coraje (andréia), por ejemplo, es el término medio entre dos extremos o vicios, la cobardía (defecto) o el arrojo (exceso). La virtud es un estado de ser, ¡”un estado adecuado para realizar selecciones razonadas, ubicándose en el bien relativo, determinado por la razón, y como determinará el ser humano que posea la sabiduría práctica (frónesis). Virtud es el acto de realizar una escogencia de acuerdo con un término medio.
El término medio no es el mismo para cada persona e, igualmente, no hay un medio para cada acto. Cada medio es relativo a cada persona en tanto las circunstancias varíen. En el caso de la comida, el medio obviamente será diferente para un atleta adulto que para una niña pequeña. Pero, para cada persona, de todas maneras existe un medio proporcionado o relativo, la temperancia señala los extremos (glotonería –exceso- y muerte por hambre –carencia o ausencia-) de lo que constituiría un vicio para esa determinada persona. Igualmente, cuando uno regale dinero, bucando un medio entre prodigalidad y avaricia, la cifra que obtenemos no es una cifra absoluta sino relativa al dinero que se posea o disponga. Más aún, para determinados actos no existe medio, sino que su propia naturaleza de suyo implica maldad, como en los casos del rencor, la envidia, el robo, el asesinato. Se trata de cosas malas en sí mismas y no en sus excesos o carencias. Siempre estaremos errados si las llevamos a cabo.
El término medio no es el mismo para cada persona e, igualmente, no hay un medio para cada acto. Cada medio es relativo a cada persona en tanto las circunstancias varíen. En el caso de la comida, el medio obviamente será diferente para un atleta adulto que para una niña pequeña. Pero, para cada persona, de todas maneras existe un medio proporcionado o relativo, la temperancia señala los extremos (glotonería –exceso- y muerte por hambre –carencia o ausencia-) de lo que constituiría un vicio para esa determinada persona. Igualmente, cuando uno regale dinero, bucando un medio entre prodigalidad y avaricia, la cifra que obtenemos no es una cifra absoluta sino relativa al dinero que se posea o disponga. Más aún, para determinados actos no existe medio, sino que su propia naturaleza de suyo implica maldad, como en los casos del rencor, la envidia, el robo, el asesinato. Se trata de cosas malas en sí mismas y no en sus excesos o carencias. Siempre estaremos errados si las llevamos a cabo.
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